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JOSÉ ANTONIO SULCA EFFIO: LA PALABRA QUE NO CALLA

Huamanga despierta aún con el tañido de campanas antiguas y un aire fresco que huele a tierra húmeda, a lluvia de enero derramada sobre tejados envejecidos y callecitas empedradas de piedras milenarias. Cuando el día avanza, el sol irrumpe con su polvo y su viento, trayendo consigo historia y canto, un rumor antiguo que no se apaga.

Ciudad custodiada por sus treinta y tres iglesias, de tejados viejos y calles de piedra; ciudad de huaynos añejos y carnavales donde dialogan la tinya y la quena, las esquelas y la guitarra que todavía resuenan en los solares. Ciudad habitada por gente profundamente hospitalaria, amante de la buena mesa: del mondongo humeante, el puca picante,  del puchero tradicional, siempre acompañado por la generosa chicha de jora, bebida que hermana y celebra.

Esa fue su ciudad. Una vida feliz entre patios de molles y campanarios, de casonas que respiran historia; entre libros, cuadernos y poemas de grandes ayacuchanos ilustres: el tayta José María Arguedas, Osman del Barco —compañero del vate peruano César Vallejo—, Mario Ruiz de Castilla y Rospigliosi, Moisés Cavero Cazo, Salvador Cavero León. Nombres que hicieron de la palabra una herencia viva, una forma de resistencia.

En esta Huamanga nació, un 17 de enero de 1938, José Antonio Sulca Effio. Pero su primera cuna no fue un hogar cerrado, sino el abrazo colectivo del pueblo. Huérfano de madre a los tres meses, fue alimentado por las mujeres del Mercado Central. Tal vez por eso entendió desde temprano que la vida se sostiene en comunidad, y que la palabra solo es verdadera cuando nace del verbo compartir.

Los apus, antiguos vigilantes, y el Nazareno, patrono de Huamanga, abrieron su manto de piedra y de luz para protegerlo. Desde entonces lo acompañaron. Hoy, allá arriba, lo reciben con versos que no se olvidan, con cantos y pasos de huaynos y yaravíes que no envejecen, como se recibe a quienes han sabido honrar la tierra y la memoria.

Nacido y criado en Huamanga, Sulca Effio creció nutrido por un profundo amor a la cultura andina, a su tierra, a su gente y a su folclore. Aunque en su juventud vistió el uniforme de la Guardia Civil, su verdadera vocación lo condujo a la docencia y a la creación literaria. Estudió Lengua y Literatura en español y en quechua, convirtiéndose en un puente vivo entre la tradición andina y la modernidad.

Más allá de su obra escrita, fue un incansable promotor cultural. Integró la generación creadora de los años sesenta y participó activamente en espacios como el Círculo Literario “Javier Heraud”. Fue miembro fundador de la Asociación de Escritores de Ayacucho (AEDA) y de QANTU, Asociación Quechua de Letras y Artes Ayacucho–Chanka, en 1997. También ejerció el periodismo como editorialista en el diario La Voz de Huamanga, donde la palabra fue denuncia, memoria y esperanza.

A pesar de las limitaciones de salud que lo acompañaron durante las últimas décadas de su vida, mantuvo una actividad cultural persistente junto a su compañera de vida, Inés Virginia Acosta Chávez, en TESELO, Centro de Cultura y Resistencia Andina, espacio donde la palabra siguió latiendo.

Poeta y defensor del quechua, José Antonio Sulca Effio bebió de la tradición oral andina y la transformó en escritura. Fue uno de los principales impulsores de la poesía en quechua desde la década de 1990. Su obra, breve y luminosa, habla del amor, de la vida campesina, de la violencia que desgarró la región durante el conflicto armado interno, pero también de la dignidad que resiste.

Ese compromiso le valió el Premio Nacional de Literatura en Poesía Quechua 2012, por su obra Chirapa Wiqi (Arco Iris de Lágrima).

Hoy escribo con nostalgia, recordando los 88 años de su natalicio, del querido maestro Toño. Brotan dolores hondos, de esos que no mojan los ojos, sino la memoria. Muchos lo recordamos por sus versos cortos y directos, de rebeldía contenida, de amor herido, de dignidad insistente:

 

Harawichaykunaqa ñawpa, sapan, wakcha warmacha kaspay,

latapachakunawan wiqiy pichaykuqmi,

Wamanqa llaqtaypi yupiyta saqistin purisqaypi.

 

Chaymi uchuycha, sumaqcha, kuyapacha,

awkinchikunapa waynuchankuna kaqlla.

 

“Mis poemitas —decía— son retacitos que limpiaban mis lágrimas de solitario y chiquillo pobre, cuando arrastraba mis días en Huamanga.

Por eso son breves, bonitos y apreciados, como las letras de los huaynos de nuestros abuelos”.

 

En 2023, su partida dejó un silencio espeso en Huamanga. Pero no fue un final. Porque hay hombres que no se van: se quedan. En los libros gastados, en las bibliotecas que llevan su nombre, en los estudiantes que hoy enseñan, en los poemas que aún se pronuncian en voz baja.

Cuando decimos José Antonio Sulca Effio, algo responde desde la Pachamama.

Tal vez sean los apus.

Tal vez Huamanga misma.

Tal vez el quechua, recordándonos que la memoria no se rinde

y que la palabra, cuando nace del pueblo, nunca muere.


PATRIA

PATRIA

 

Aquí me tienes a lao tuyo

mi patria amada,

con mi poncho alado

y mi chullo multicolor.

 

Cantando un huayno

en la cima de un cerro,

con mi vicuña pastando

divisando al río cristalino.

 

Aquí me tienes a lao tuyo

mi patria querida,

con mi piska de badana

y mis ojotas de cuero crudo.

 

Charango en mano

junto a mis hermanos,

eres tú el huayno;

la marinera y el festejo.

 

Aquí me tienes a lao tuyo

para que me arrulles

pedacito de cielo

mi Pachamama querida.

 

Las nubes se agolpan

en suave susurro del viento,

el cóndor vuela majestuoso

 bajo el sol imponente de mayo.

 

Aquí me tienes a lao tuyo

mi patria del alma

para cantarte a viva voz

esta mi bella canción.

                                            Autor: Lenon Tutaya De La Cruz. 

 

Del libro “De Colores” Chema editores – 2017.

KARU LLAQTA RUNAM KANI

MARINO BÁRCENA NIETO


llaqta runam kani,

pacha mamapa ukumanta paqariqmuq

Sapachallan mana ima kasuq,

Nitaq ni pi maypapapas kamachiy atinan

uchuychaymanta chayna amañasqa,

tutatapas punchawchaspa

allpa pacha rururichiq,

ñuqa qarim kani qinachallapas

tipi tipi ninapa ratariyninmi

millqa pukrupa qayakuyninmi

sinchi piñasqa illapapa tuqyayninmi,

chanchaq uylulupa ñannin kichariq

ñuqam kani llapan rikchaq

kawsaykuna wakarispa tarpuriq,

puqusqanmanta hina quñuriqpacha

wasillayman utqay llimparichiq;

ñuqam kani wawa churiykuna

qallay qallay siminkunaman umkariq,

yarqayninkunata tanirichispay mallwarichiq,

sutinkunata yupaychaspay qurpachaq;

sunquy ukuman kuyayninkuna qatalliq

wallpa waqay ñawpaq qallarispay,

musquyniykunata allqarispay

kuka piskachayta qapiykuspay,

kintuchanta chillparispay akuykuni,

tuqrachanta ruyrurispam chachkarini

chaypa wiqinta millpuquspam

llakisqa sunqullayta yanqallapas tiyachini,

tutapaymantapuni achikyasqanmanta pacham

intipa wachipayninta llallirispay

wakcha payqu chupichata upurispay,

utqayllaman llamkayniyta yawyarichini,

sinchi llasaqmantam humpirini

pisipayniywan tulluy llakllarisqam

qallay traquchayta upyarispa qarinckakuni,

chayllawanmi imam ruwanayta michillani.

 

 

 

SOY EL HOMBRE NACIDO EN LEJANA COMARCA

Soy el hombre de lejana comarca

nacido en las entrañas del ande,

solitaria raza indómita

que nadie atreve someterme.

Desde mi tierna infancia,

dedicado a labranza de tierras

artífice del día y la noche

autor de la fecundidad de tierras.

Yo soy el eco de la oquedad profunda,

el chisporroteo del titilante llama

el retumbar del furioso trueno

y el tintineo de espuelas que marcan rutas.

Hecho semillas doradas en el surco abierto

esparciendo sobre fértiles suelos

y luego pintan campos floridos

y frutos maduros prestos para germinar.

En el primer canto del gallo

despierto sobresaltado de mi lecho,

como autómata agarré mi chuspa,

meditabundo masco mi coca y tocra

cuyo sabor agridulce selló mi destino.

Llegó al fin el ansiado otoño

trayendo en su seno abundante cosecha,

mi hogar colmó pletóricos granos

y con él saciar el hambre de mis hijos.

Al yantar mi frugal almuerzo,

el naciente sol asoma al horizonte

desplegando por doquier sus dorados rayos,

a la vez, anunciando labores cotidianas,

El cansancio infinito se clavó en mi frente

y de pronto el sudor ardiente brotó mi cuerpo,

un sorbo de trago amargo aumentó mi ánimo

llenaron mi alma de alegría, goces y desvelos.

 

MARINO BÁRCENA NIETO

Biografía

Marino Bárcena Nieto nació el 26 de diciembre de 1948 en la localidad de Matará, Ayacucho. Sus padres fueron don Víctor Bárcena Cáceres e Ignacia Nieto Llampasi. Fue el quinto hijo de la familia y pasó su infancia en medio de la faena agrícola, bajo el cuidado de un hogar de condición humilde.

Inició sus estudios en la comunidad campesina de Tarwiyucc, cercana a Matará. Luego continuó la primaria en el Colegio Nacional Mariscal Cáceres de Ayacucho y cursó la secundaria en el Colegio Salesiano San Juan Bosco, dirigido por el padre Luis Fassio Masprone.

Posteriormente, trabajó en la Caja de Depósito, Consignación y Departamento de Recaudación en diversas ciudades del sur andino: Abancay, Cusco, Puno y Arequipa.

De regreso en Cusco, ingresó a la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional San Antonio de Abad del Cusco (UNSAAC). Durante su etapa universitaria participó activamente en los grupos de Danza, Teatro, Tuna Universitaria y en el conjunto folclórico de la universidad, con los que realizó giras artísticas por diversas regiones del Perú, así como por Bolivia y Ecuador. En este periodo trabó amistad con el “Cholo” Luis Nieto, quien lo impulsó hacia la literatura y la música.

Su primer poemario se tituló “Crepúsculo Dorado”. Posteriormente publicó “Sinfonía de Tinya y Quena” y “Alborada Andina”, y dejó inéditas obras como “Casarakuy” (narración) y “Kanchaq Quyllur”.

En 2004 participó en el XXIII Encuentro Nacional e Internacional de Escritores de Todas las Sangres en Huaraz y en el I Festival Internacional de la Hoja de Coca en el río Apurímac.

Desde 1978 residió en la ciudad de Ayacucho, donde desarrolló una constante labor literaria y cultural.

Marino Bárcena Nieto falleció el 25 de mayo de 2008, en Huamanga, Ayacucho, Perú, a la edad de 59 años.





YO NO ME RÍO DE LA MUERTE

Javier Heraud (Perú, 1942-1963)

 

Yo nunca me río

de la muerte.

Simplemente

sucede que

no tengo

miedo

de

morir

entre

pájaros y arboles

Yo no me río de la muerte.

Pero a veces tengo sed

y pido un poco de vida,

a veces tengo sed y pregunto

diariamente, y como siempre

sucede que no hallo respuestas

sino una carcajada profunda

y negra. Ya lo dije, nunca

suelo reír de la muerte,

pero sí conozco su blanco

rostro, su tétrica vestimenta.

 

Yo no me río de la muerte.

Sin embargo, conozco su

blanca casa, conozco su

blanca vestimenta, conozco

su humedad y su silencio.

 

Claro está, la muerte no

me ha visitado todavía,

y Uds. preguntarán: ¿qué

conoces? No conozco nada.

Es cierto también eso.

Empero, sé que al llegar

ella yo estaré esperando,

yo estaré esperando de pie

o tal vez desayunando.

La miraré blandamente

(no se vaya a asustar)

y como jamás he reído

de su túnica, la acompañaré,

solitario y solitario.

De El Viaje (1961)


Biografía de Javier Heraud

Javier Heraud Pérez nació el 19 de enero de 1942, en el distrito de Miraflores, Lima. Sus padres fueron Jorge Heraud Grecet y Victoria Pérez Tellería. Fue el tercero de seis hermanos en una familia de clase media alta.

Desde pequeño mostró un gran interés por las letras. Realizó sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio Markham de Miraflores, donde destacó por su inteligencia y su talento para la poesía. En 1958, ingresó a la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde estudió Letras y Derecho. En esta etapa de su vida, Heraud se unió a un grupo de jóvenes poetas que se conocerían como la Generación del 60, caracterizada por su compromiso social y político.


Carrera Literaria y Compromiso Social

A pesar de su corta vida, Heraud dejó una huella imborrable en la literatura peruana. En 1960, publicó su primer poemario, "El río", que fue muy bien recibido. Al año siguiente, ganó el prestigioso premio "El Poeta Joven del Perú" con su obra "El viaje". También fue profesor de inglés en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe.

Su compromiso político lo llevó a unirse al Movimiento Social Progresista (MSP). En 1962, viajó a Cuba con una beca para estudiar cine, una experiencia que lo marcó profundamente. De vuelta en Perú, se unió a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), convencido de que la lucha armada era el camino para lograr la justicia social en su país.


Muerte y Legado

El 15 de mayo de 1963, a la temprana edad de 21 años, Javier Heraud fue asesinado a balazos en el río Madre de Dios, cerca de la ciudad de Puerto Maldonado, durante un enfrentamiento con fuerzas policiales.

Su trágica muerte lo convirtió en un mártir para muchos y su figura se ha mantenido viva como símbolo de la juventud idealista y el compromiso con la justicia. Póstumamente, su obra continuó publicándose, incluyendo "Estación reunida", con la que ganó los Juegos Florales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y "Poesía completa y cartas". La obra de Javier Heraud sigue siendo estudiada y valorada por su lirismo, su sencillez y su profundo


JOSÉ ANTONIO SULCA EFFIO (1938 – 2023)

Fue una figura fundamental en la vida cultural de Huamanga, la región y el Perú. Su legado se extiende a través de una prolífica carrera como profesor, poeta, escritor, periodista, actor y director de teatro. A lo largo de su vida, se dedicó a la promoción cultural y a la defensa de la identidad andina, convirtiéndose en un “Hijo Predilecto de Huamanga” y en un “insigne promotor cultural”.

José Antonio Sulca Effio nació el 17 de enero de 1938 en Huamanga. Fue hijo de don Tomás Sulca Leaño (ayacuchano) y de doña Eulogia Effio Ortiz (andahuaylina). Quedó huérfano de madre a los tres meses de edad. A raíz de ello, las mamás del Mercado Central de Huamanga, donde su padre tenía un puesto de telas, mitigaban su hambre amamantándolo.

Vistió durante ocho años el uniforme de la Guardia Civil del Perú, labor que le permitió realizar estudios superiores. Gracias a esas facilidades, se tituló en la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, en la especialidad de Lengua y Literatura. Se licenció en Lengua y Literatura en la misma universidad.

Desempeñó la docencia en instituciones de nivel primario y secundario, y ejerció como profesor universitario en la misma especialidad por más de 30 años en la UNSCH. En La Voz de Huamanga, periódico y radio, puso en práctica los secretos del oficio periodístico. Su labor fue reconocida por la Biblioteca Nacional del Perú, institución que otorgó Mención Honrosa a su obra Apuntes en uno de sus concursos nacionales de periodismo sobre temas folklóricos.

 

TESELO, CENTRO DE CULTURA Y RESISTENCIA ANDINA

Su visión se materializó en la fundación de TESELO, Centro de Cultura y Resistencia Andina. Este espacio se convirtió en un baluarte para la defensa de los valores culturales de la región, buscando revitalizar y dar visibilidad a la identidad andina y resistiendo la alienación cultural.

 

UNA VIDA DEDICADA A LA CULTURA Y A LA IDENTIDAD ANDINA

Nacido en Huamanga, Sulca Effio creció en un entorno que nutrió su profundo amor por la cultura andina. Aunque en su juventud trabajó en la Guardia Civil, su verdadera vocación lo condujo a la docencia y a la creación literaria. Estudió Lengua y Literatura tanto en español como en quechua. Esta formación bilingüe fue crucial en su trabajo posterior, pues lo convirtió en un puente entre la cultura andina y la modernidad.

Más allá de su obra literaria, destacó por su incansable labor como promotor cultural. Fue parte de la generación de creadores de los años 60 y participó activamente en grupos como el Círculo Literario Javier Heraud. Su trabajo se centró en crear y animar iniciativas para difundir la cultura andina.

Fue miembro fundador de la Asociación de Escritores de Ayacucho (AEDA) y de QANTU, Asociación Quechua de Letras y Artes Ayacucho-Chanka, en 1997. También ejerció el periodismo como editorialista en el Diario La Voz de Huamanga. A pesar de las limitaciones de salud que enfrentó en sus últimas tres décadas de vida, Sulca Effio mantuvo una actividad cultural y literaria persistente junto a su esposa, Inés Acosta Chávez, en el centro TESELO.

 

POETA Y DEFENSOR DEL QUECHUA

José Antonio Sulca Effio fue un poeta destacado cuya obra se caracteriza por el profundo vínculo con la tradición oral andina. Fue uno de los principales promotores de la escritura en quechua, movimiento que tomó fuerza en Ayacucho a partir de la década de 1990. Su poesía, a menudo minimalista, explora temas como el amor, la vida campesina y la violencia que azotó a la región durante el conflicto armado interno.

Su compromiso con el idioma y la cultura quechua le valió el Premio Nacional de Literatura en Poesía Quechua 2012 por su obra Chirapa Wiqi (Arco Iris de Lágrima), otorgado por la Universidad Nacional Federico Villarreal.

 

LA OBRAS LITERARIAS

La producción literaria de Sulca Effio es vasta y se divide en varios géneros, con un énfasis particular en la poesía en quechua. Su obra refleja su compromiso con la identidad andina, la memoria histórica y la resistencia cultural.

 

POESÍA

Fue un poeta destacado cuya obra se caracteriza por su profundo vínculo con la tradición oral andina, especialmente con el género del harawi. Su estilo, a menudo minimalista, explora temas como el amor, la vida campesina y la violencia del conflicto armado interno. Por ello, fue uno de los promotores de la escritura en quechua en Ayacucho.

 

PROMOTOR CULTURAL Y RESISTENCIA ANDINA

Escritor y poeta quechua, cultor, difusor y defensor incansable de la lengua runasimi (quechua) y de la cultura andina, Sulca Effio se destacó más allá de su obra literaria por su labor organizativa y su capacidad para crear espacios de difusión cultural. Su visión se materializó en la fundación de TESELO, Centro Cultural de Resistencia Andina, concebido como un bastión para la defensa de los valores culturales de la región, siguiendo la huella de los ancestros que hicieron de Huamanga un núcleo de riqueza cultural, social y política.

También fue miembro fundador de la Asociación de Escritores de Ayacucho (AEDA) y de QANTU, Asociación Quechua de Letras y Artes Ayacucho-Chanka, y editorialista en el Diario La Voz de Huamanga.

 

LEGADO

José Antonio Sulca Effio dejó un legado invaluable. Su obra literaria, sus publicaciones sobre artesanía y cultura popular ayacuchana, y su dedicación a la formación de nuevas generaciones de escritores y artistas lo convierten en una figura clave de la literatura regional peruana. Su labor en TESELO es un testimonio de su compromiso con la resistencia cultural y con la idea de que la herencia ancestral constituye el cimiento de la identidad y del futuro de una nación.

Su partida en 2023 dejó un vacío en la comunidad cultural, pero su espíritu y su obra continúan inspirando a quienes buscan preservar y celebrar los valores de la cultura andina.

 

OBRAS PUBLICADAS

La producción literaria de José Antonio Sulca Effio es vasta y diversa. Publicó más de medio centenar de libros entre ensayos, crónicas y poemarios en español y en quechua.

 

EN ESPAÑOL

Entre molles y campanarios – Primer poemario editado, evocación de la nostalgia y los pueblos andinos.

Cantipoemas I, II y III – Únicos en su género sobre la guerra interna.

Arrieros huamanguinos – Recuerdo de sus antepasados.

Apuntes (1999) – Crónicas sobre música ayacuchana. Mención Honrosa en el Concurso Nacional de Periodismo (Biblioteca Nacional del Perú).

 

EN QUECHUA

Kukuli (2009) – Reunión de poemas dispersos, ligados al género harawi.

Akllasqay Qarawichakuna – Antología de sus primeros ocho libros.

Manual quechua (2010) – Texto pedagógico para aprender a leer, escribir y crear literatura en runasimi.

Waytaq Harawi (2004) – Poemario ganador del Primer Premio Nacional de Poesía Quechua (Ministerio de Educación).

Chirapa Wiqi (Arco Iris de Lágrima) (2012) – Obra cumbre, Premio Nacional de Literatura en Poesía Quechua (Universidad Nacional Federico Villarreal).

Machimina (2007) – Poesía erótica en quechua.

Watuchi, hayku, harawichantin (2016) – Acertijos, adivinanzas y canciones tradicionales.

Wallpa Suwa (2019) – Recopilación de poemas en quechua.

Puyimachakuna, Chaqrucha, Huaytaq Harawi, El hijo de Tomás, Cuentos para niños y haikus en quechua – Diversos poemarios y narraciones que refuerzan la tradición oral andina.

 

DISTINCIONES Y PREMIOS

Primer Premio “Osmán del Barco” – Concurso organizado por el Consejo Provincial de Huamanga.

Primer Premio de Narrativa Quechua – Concurso organizado por la Cooperativa de Ahorro y Crédito San Cristóbal de Huamanga.

Primer Premio Nacional de Poesía Quechua para niños – Organizado por el Ministerio de Educación.

Mención de Honor Internacional – Concurso de poesía Acercando Palabras, Instituto Latinoamericano de Buenos Aires.

Primer Premio Nacional (2004) – Ministerio de Educación, por su poemario Waytaq Harawi.

Premio Nacional de Literatura en Poesía Quechua (2012) – Universidad Nacional Federico Villarreal, por Chirapa Wiqi (Arco Iris de Lágrima).

 

Su obra, tanto en español como en quechua, constituye un testimonio de la memoria histórica de Ayacucho, un canto a la identidad andina y una contribución decisiva a la dignificación del runasimi en la literatura contemporánea. Estos honores no solo celebran la calidad literaria de sus escritos, sino que también reconocen a Sulca Effio como un pilar fundamental en la defensa y el enriquecimiento de la cultura andina.

Su muerte en 2023 dejó un vacío, pero su legado, espíritu y obra continúan inspirando a quienes buscan preservar y celebrar los valores de la cultura andina. Su labor como maestro y promotor de nuevas voces y su incansable trabajo por la preservación del patrimonio cultural de Ayacucho han dejado una huella duradera en la revitalización de la lengua y la literatura quechua en el Perú. Su figura sigue siendo objeto de homenajes, como la inauguración de la Biblioteca Institucional Antonio Sulca Effio por el Colegio de Periodistas del Perú – Consejo Regional de Ayacucho.